martes, 8 de mayo de 2012

HISTORIA DE CHALCHUAPA


Tres Veces Milenario 

En la actualidad tiene 74,000 habitantes. Es una urbe viva con restaurantes y balnearios pero también con huellas de olmecas, mayas, toltecas, españoles, palestinos y hasta chinos. Se llama Chalchuapa y es una de las poblaciones más antiguas de América. Esta ciudad ha sido habitada continuamente desde hace más de 3,500 años. Es fuente inagotable para la arqueología y la historia.

Unos novios se besuquean a la sombra de una milenaria pirámide escalonada. Un niño baila reggaetón frente a una cúpula del siglo XVIII. Y bajo las tejas de un caserón de principios del siglo XX, dos jubilados insisten en decir lo mismo: que Chalchuapa es la población más antigua de el país.

Más de mil años antes de los griegos levantaran el Partenón (450 años antes de Cristo) en Chalchuapa ya habían construido chozas y pirámides. La arqueología ha develado que Chalchuapa es más vieja que muchas de las poblaciones más antiguas de hemisferio occidental. Como Lisboa, la capital portuguesa, fundada por fenicios hace 3,000 años. O como París, la capital francesa, cuyos vestigios humanos más antiguos datan de hace unos 2,300 años.

Chalchuapa hoy es una mancha de tejas, adobes y cemento en el húmedo sur del departamento de Santa Ana. Uno de los ancianos que habla de historia se llama Humberto Menéndez, ex profesor. Y el otro, Godofredo Pacheco, ex marimbista. Ambos tienen más de 70 años y en 2008 ayudaron a escribir el “Libro del pueblo de Chalchuapa”.

Ambos son considerados casi unos gurús de la historia local, sobre todo la de una parte ínfima, la de los últimos 150 años. Mientras observa una casa en cuya fachada se lee “1874”, Humberto dice que Chalchuapa está llena de fechas y de un cosmopolitismo que se manifiesta en las fachadas de las casas más céntricas. A pesar de que la mayoría tiene aires coloniales, dice que fueron levantadas alrededor de 1900, por cafetaleros y por inmigrantes chinos, palestinos y catalanes, de apellidos como Saade, Ahuat, Conte, Panadés, Duch… Según Humberto, los terremotos no han podido tumbarlas porque el subsuelo tiene una estabilizadora capa de rocas y otra de ripio arqueológico, los restos de varias ciudades anteriores.

Godofredo interrumpe. Agrega que en los primeros años del siglo XX, un ferrocarril unió a Chalchuapa con Ahuachapán, una ciudad más al occidente. Y que lejos de convertirse en una alicaída ciudad de paso, Chalchuapa atrajo a cientos de obreros, campesinos, húngaros vendedores de peroles, y “la ciudad se llenó de mesones”. Cuartuchos que aún existen, como el Gross, El Nazareno o La Tunquera. Godofredo y Humberto creen que esas emigraciones hicieron de Chalchuapa una ciudad más mestiza, pero que “hacia las décadas de 1940 y 1950 tuvo que recordar que la raíz de la ciudad es tan indígena como su nombre”.

Por esas fechas, un militar chalchuapaneco llamado Salvador Castaneda Castro ascendió a la presidencia. Y este empezó a modernizar a su vetusta ciudad. La dotó de un bulevar periférico; un mercado de un raro estilo, entre colonial y art decó; y hasta de un balneario llamado El Trapiche. Casi con simultaneidad, un arqueólogo gringo, de nombre Stanley Boggs, hurgaba una serie de montículos que salpican a toda Chalchuapa. Él exhumó la pirámide más alta de cuantas se conocen en el país. Una que entonces tenía un moderno tanque de agua en su cima, el cual quitó, y empezó a repellar con concreto. Así, este material desconocido en la época precolombina pasó a cubrir las escalinatas de piedra y adobe de la famosa pirámide del Tazumal, y eso perdura hasta hoy.

La pirámide de 24 metros de altura es frecuentada por apasionados novios y turistas. Esta imagen ha sido reproducida miles de veces y hasta se metió en las billeteras: figuraba en los billetes de ¢100. Este año reapareció dibujada en esas tarjetas que identifican a cada uno de los salvadoreños adultos, el DUI.

Humberto dice que tras el hallazgo del Tazumal, se devino una oleada de arqueólogos que han reiterado que bajo Chalchuapa hay vestigios de culturas olmeca, maya y tolteca. Herbert Erquicia, arqueólogo salvadoreño, dice que este sitio fue un punto importante como eslabón de una cadena de comercio-ideas-tecnología con grandes centros urbanos de Mesoamérica. Erquicia estima que en el país no hay sitio arqueológico más rico que Chalchuapa entera. Algunos hallazgos: un guerrero de piedra de más de dos metros con glifos; jaguares, hongos y varios chacmoles pétreos; cerámica y jades con figuras mayas y dioses de terracota.

El norte de Chalchuapa llama la atención. Allí existen una pirámides llamadas Casa Blanca y El Trapiche. Algunas tienen más de 3,000 años de antigüedad. Entre sus hallazgos se cuenta la osamenta de un sujeto de casi dos metros de estatura. Y algunas piedras labradas que describen a hombres con facciones más bien africanas: labios gruesos y grandes ojos. Los arqueólogos estiman que fueron construidas por olmecas, y que estaban relacionadas con una urbe que hoy está en el mapa de la costa sur de Guatemala llamada Abaj Takalik.

Además del Tazumal —un centro ceremonial construido por fases, desde el año 100 al 1,100 de nuestra era— hay otros sitios aún más antiguos. Al norte de la actual urbe, y a orillas de una laguna redonda y verdosa llamada Cuzcachapa, hay pruebas —con forma de pirámides o cerámica— de que este lugar llano y repleto de manantiales fue habitado 1,500 años antes de la era cristiana. Desde esas fechas hasta nuestros días hay testimonio arqueológico. Como bien dicen Humberto y Godofredo, eso hace de Chalchuapa una población tres veces milenaria. Un caso no muy distinto al de Cholula.

Cholula es un poblado mexicano. Uno que desde hace más de 3,000 años permanece inamovible frente al volcán Popocatépetl. Allí, en las afueras de la urbe moderna se conserva una pirámide de adobe, como las de Chalchuapa, pero mucho más descomunal. En su cima, y en pleno siglo XVI, los conquistadores españoles le impusieron una iglesia.

“En Chalchuapa hay también vestigios de la intrusión española: El trazo en damero de la ciudad, un puente de calicanto y la iglesia”, prosigue Humberto con la historia de su ciudad. Para él, la alta y encalada iglesia colonial que marca el centro de Chalchuapa es clave para entender el rompecabezas histórico de Chalchuapa. El templo representa la fusión de lo indígena con lo occidental. Humberto ignora qué edad tiene la iglesia. Aunque adentro ha visto unos retablos barrocos bañados en pan de oro y unos óleos ennegrecidos que tienen fechas de hace más de 300 años.

Vista desde afuera, la iglesia llama más la atención por su decoración que por un reloj de 1874 que aún da la hora correcta. Los muros poseen unas molduras que parecen ser frutos oriundos como paternas, zapotes y cacaos, intercalados con sirenas y arcángeles. Y en lo más alto de una cúpula, el santo patrón de España, Santiago. Al apóstol se le puede ver sobre un caballo, mientras empuña una espada. Dicen que esta imagen era usada en el siglo XVI para simbolizar la destrucción del indígena, y al mismo tiempo su protección.

Humberto desconoce muchos detalles de la época colonial en Chalchuapa. Por ejemplo, en 1,586, un religioso franciscano llamado fray Alonso Ponce ya describía a Chalchuapa como un “pueblo grande” de indígenas. En cambio, en 1,770, el arzobispo de Guatemala, Cortés y Larraz, visitó Chalchuapa y notó que solo la mitad de su población era indígena. Pero hay algo que admiró y celebró: “Los indios de Chalchuapa se sienten dueños de estas tierras. No permiten que los ladinos —o mestizos— levanten casas sin su licencia”. Algo que el arzobispo ponía como ejemplo para el resto de indígenas de América.

Humberto y Godofredo están convencidos de que hay muchas cosas qué contar de Chalchuapa. Como que en los contornos se conserva un puente colonial llamado Galeano. Que aquí subsisten obrajes añileros y haciendas de la misma época en que Chalchuapa era famosa por tener una feria ganadera a la que venía gente de toda Centroamérica. Ambos se enorgullecen de haber sido paridos aquí. Como lo hizo el prócer nacional José Santiago Celis, en 1782.

Ellos cuentan fascinados que aquí hay tradiciones singulares, como una de Semana Santa que dicta que las mujeres laven las ropas del Nazareno en un río cercano. Y aseguran que aquí todos los días se puede saborear la ancestral yuca sancochada o beber chilate. Y que, en contraste, aquí no hay nada que envidiar a San Salvador: hay un supermercado y un Pollo Campero.

Solo hay algo que les da un poco vergüenza acerca de Chalchuapa. “En 1885, fue la última vez que alguien quiso unir a Centroamérica. Ese año, Justo Rufino Barrios, el presidente de Guatemala, quiso restablecer esa unión por la fuerza. Pero aquí en Chalchuapa lo mataron. Por aquí abajo le han puesto un busto al lugar donde quedó fusilado ¡Es una lástima eso!”, dice Humberto. Él y Godofredo se despiden, dicen que ya es tarde. Uno de ellos dice que tal vez otro día hablamos más, “porque esto es largo. Recuerde que Chalchuapa tiene más de 3,000 años…”.

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